Un paso a paso con refuerzo positivo para practicar todos los días
La orden de quedarse quieto aparece en los momentos más simples y también en los más delicados: mientras abrís la puerta del edificio, cuando esperás el semáforo en una avenida con tránsito o al cruzar el portón del garage. No es un truco de exhibición. Es una herramienta de convivencia que se construye con sesiones cortas y mucha repetición.
Empezamos en un lugar sin distracciones, con pocos minutos por vez. La recompensa tiene que llegar en el instante exacto en que el perro mantiene la posición, no después. Si la mano llega tarde, el premio refuerza cualquier otra cosa que haya hecho en el medio: pararse, moverse, mirar para otro lado. La precisión del momento vale más que la cantidad de repeticiones.
A medida que la respuesta se sostiene, sumamos tres variables por separado: duración, distancia y contexto. Primero unos segundos más, después un paso atrás, más tarde la vereda o una plaza tranquila. Mezclar las tres al mismo tiempo suele confundir al perro y hacer que la orden se caiga justo cuando más la necesitás.